Vero Koufati brilló con su tango en el Roma de Avellaneda

16/09/2017

 

 

Por Eugenia Muzio
 
“Tangazos”, les llamaba. Los cantaba gesticulando, cerrando los ojos, sonriendo. Su voz ondulaba en la acústica del Teatro Municipal Roma, como queriendo dibujar las decoraciones doradas de sus paredes. O tal vez, hacerles un homenaje a las poesías de sus autores favoritos y que lleguen al público, pero con su más íntima impronta. Esa noche del 16 de septiembre, Avellaneda vibró con el canto de Verónica Koufati, y se llevaron un mensaje suyo al ritmo del 2x4.

 

Su presentación empezó luego de que la Orquesta de Tango Municipal de Avellaneda rompiera el hielo, y de que los bailarines, Eliana Llamedo y Ariel Rodríguez, se desplazaran con elegancia bailando un instrumental. Luego, la locutora la presentó a Verónica como una “joven voz” y como la ganadora de la convocatoria Voces Nuevas 2016.

 

Sin decir el nombre de la pieza, comenzó interpretar “Uno”, de Mariano Mores y Enrique Santos Discépolo, una canción melancólica sobre un amor que ya no está. La tristeza de la letra no la hacía temblar: caminaba firme, vestida de brillos, en composé con el brillo de su voz. Y cada palabra tenía su peso, el que ella le quería dar.

 

Todo tuvo que ver con la prosa, con una melodía limpia y danzante, pero sobre todo con las significaciones. “El tango en general es meterse en la poesía. Son tan profundos y están tan bien escritos que de ahí podrían surgir historias, que intento contar desde mí. Es un desafío meterse desde lo interpretativo y llegar para que no sea solo la palabra. Que cada palabra tenga que ver con su propio peso”, dirá la cantante luego del show en una entrevista con De La Cuerda.
 

 

Se podía ver ya en la segunda canción, algunas bocas en el público moviéndose haciendo la mímica de la letra de “Quedémosnos aquí” de Héctor Stamponi y Homero Espósito. Fueron 460 los espectadores de esa noche que acompañaron cada tema y aplaudieron embelesados. Sólo unas pocas butacas del teatro quedaron vacías.

 

Luego de otra intervención en danza de los bailarines invitados, la tanguera continuó recitando otra prosa: “Y te parece todavía” de Juan Carlos Howard y Abel Aznar. Su voz podía pasar de una tonalidad dulce y pacífica, a un martillazo de notas firmes, con todo el énfasis que se merecían las palabras.

 

El último tema de su show fue “Che, bandoneón” de Aníbal Troilo y Homero Manzi. Lo cantó con la misma fuerza que en el inicio, pero con la alegría enorme que sintió al dejar todo de ella esa noche. “Es el primer concierto que hago como solista en este teatro y es muy especial porque todos los pasos del concurso Nuevas Voces los pasé por acá”, expresó la cantante. Sala que compartió con el cantante Guillermo Fernández que cantó después de ella.

 

Según Verónica, que los artistas elegidos para el repertorio de la noche sean de los más grandes compositores de tango no es casualidad: “Yo elijo siempre autores que me encantan y temas que tengo ganas de compartir. Si bien hay tangos que son perfectos en música y letra, me atrapa mucho la poesía de ellos. Lo que uno hace en el escenario no es sólo cantar sino también tomar una postura desde donde uno lo va a interpretar”.

  

 
La concertista supo darle un valor agregado al significado de lo que quiso expresar con sus canciones: su perspectiva desde el género. Contó que, si bien el pasado del tango siempre fue un terreno de hombres y que hoy en día las mujeres ganaron su terreno, “sucede que cuando uno va a buscar partituras originales la mujer tiene que cambiarle toda la tonalidad, porque los tangos no están hechos para la voz de la mujer”.

 

“Es un trabajo extra que tenemos que hacer. Para el hombre es más fácil por ese pasado tanguero. Sin embargo, la mujer hoy tiene su lugar y es respetada de la misma manera, hay grandes referentes y tantas otras que fueron las que hicieron el trabajo difícil. Por suerte somos muchas las colegas y se le está dando el paso a muchos jóvenes”, explicó a DLC.

 

Y ya se está preparando para lo que viene. En octubre, viajará a Montevideo como la representante argentina en el festival ¡Viva el Tango!, y en noviembre se presentará junto al conjunto de mujeres tangueras “Las Grelas cantan”.

 

Esa noche en Avellaneda, Verónica pisó el escenario con todo lo que tenía. Toda su educación en la música, toda su puntillosa preparación. Quizás, con todos sus miedos, sus fantasías o ilusiones. Desde afuera se pudo ver y sentir todo su cuerpo en sintonía con la poesía, toda su fuerza. Y en sus ojos, un destello de luz, cada vez que escuchaba un bandoneón.
 
(Mirá todas las fotografías de le velada en este link).