Löbëla desplegó épica y sensibilidad en la noche de Villa Devoto

01/12/2017
 
 
Por Mariano Alonso

 

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La previa a diciembre tiene una particularidad en la ciudad de Buenos Aires. El tono naranja violáceo de la tarde en despedida se combina con el púrpura característico de los jacarandaes.
 
Los bares cerveceros de Villa Devoto se llenan a medida que el tránsito empieza a cubrir la breve arteria que roza el metrobus de la Avenida San Martín. Es sábado 25 de noviembre por la tarde y el bar La Roca no es la excepción. Se llena en lo que tarda en consumirse un cigarillo.
 
"Puede que esta sea nuestra última fecha del año antes de meternos a masterizar el disco", dice Pekio Álvarez, bajista de Löbëla que transita su ansiedad de vereda devorando una porción de pizza al voleo mientras reparte saludos a los conocidos que entran al bar.
 
"Probablemente metamos alguna fecha en el verano, pero como nuestro baterista se va de viaje un mes vamos a tener que adaptar el formato", asegura. Y es que Löbëla es una banda con oficio y sabe incorporar la dinámica de los tiempos que corren. Se amolda bien al juego de no rechazar oportunidad para tocar.  
 
El recinto que suele alojar a las bandas de rock que comienzan en la escena tiene una capacidad aproximada de 150 personas sentadas. Las mesas rápidamente comienzan a llenarse y los mozos las rodean perfumando de aroma pizzero y papafritero el ambiente. Y aunque La Roca claudica a la moda de la cerveza tirada, sus mesas están mayormente pobladas de botellas de litro bien argentinas.
 
Löbëla, así, con diéresis y "b" larga, es un matriarcado afilado que brindó un breve e intenso show en el que dejaron clara su esencia en la voz de Mariana Arancibia, plantada con mística y consistencia al frente del grupo que enlaza con todos los géneros musicales que atraviesa. “No sé si elegí ser cantante. Creo que me fue naciendo. Desde muy chica estuve ligada a la música, primero con la guitarra y después, más de adolescente, me incliné al canto. Fui encontrando en el cantar un canal de expresión que me completa totalmente”, reflexiona.
 
Ella fue la encargada, junto a Pekio, de dar vida al proyecto después de una larga relación musical. Al avanzar en el trabajo de preproducción de algunas canciones, incorporaron a Manuel Cascarón en batería y Gastón Bassi en guitarra.
 
Se trató de una fecha especial para Löbëla, en una ciudad que pide este aire. Ya con las luces del escenario, el grupo entró en clima con las canciones “Luz” y “Crisálida”, una amalgama de un lento blues, aunque denso, breve y directo, con una base furiosa de metal endulzada con el canto de Mariana.
 
La versatilidad de la banda te puede llevar de un tema con base de metal a un pop rock rápido con estribillo funk para cantar mientras caminas por cualquier barrio, como “Canción para mí”: “Qué más da. Tengo que buscar. Entrar para salir”.
 
Mariana también se calzó la acústica para la balada “Amor real”, una declaración de principio al amor base en la que confluyen la estética sonora del grupo y la estructura clásica de la canción.
 
La banda peló sus influencias que pasan, en principio, por Almendra, Pescado Rabioso y Serú Girán, incluyendo la raíz folclórica de su cantante, y hasta se dio el lujo de invitar a Sergio Masciotra a la bata para invocar el espíritu de Led Zeppelin con “Whole lotta love”.
 
Hacia el final del show, tocaron “Mundo ideal” seguido de “Como mi alma”, un blues que construye un paisaje urbano, y que fue rematado con “Dream on” en compañía de Martín Afonso. El cierre de la velada fue protagonizado por “Tal vez nunca”, fuerte tema que tuvo ruptura de clima con la intervención del sonidista con algún hit noventero en señal de que el tiempo en el escenario se había terminado, pero sólo por esa noche. Sus seguidores saben que esto sigue en 2018 con la presentación de su primer disco de producción independiente.
 
Escuchá más de Löbëla.